Aunque de acuerdo con su acta de nacimiento Reyes Rafael Banegas nació en San Miguel de Tucumán, hace 27 años, él se siente orgulloso de que se lo reconozca como nativo de Ranchillos. Allí vivió toda su vida, junto a su familia integrada por su papá, Carlos Sergio, y sus cinco hermanos: Carlos, Tomé, María, Enzo y Mercedes. El pivot es uno de los pilares de Estudiantes, equipo que hasta la suspensión de la competencia, marchaba segundo en la División NOA del Torneo Federal, con 36 puntos.
Durante la niñez, el básquet no figuraba entre los intereses de Rafael. En todo caso, pasaba las horas jugando al fútbol con sus amigos en un campito a media cuadra de la casa paterna. “Era hermoso; nos divertíamos mucho. Me gustaba reunirme a la siesta y salir a caminar por los campos de mi pueblo”, recuerda.
Desde temprano se destacó en su grupo por la altura. De preadolescente ya medía 1,75 metro -actualmente, 2,05 metros-; y eso, claro, llamó la atención entre aquellos que gustaban del básquet. “Carlos Salazar, un vecino de Ranchillos, fue quien me enseñó a jugar, cuando yo estaba saliendo de la escuela primaria. Él tiene una vasta experiencia a nivel de torneo regionales, y me instruyó en lo básico del básquet”, cuenta “Rafa”. Entonces comenzó a competir en las formativas de un club que participaba de la Liga Cruzalteña; y, según precisa, a los 12 años, en 2005, se le despertó su definitivo amor por este deporte.
“Ese año Carlos puso una escuelita de básquet en Ranchillos; y gran parte de los chicos que vivíamos allí empezamos a ir. Como yo era uno de los más altos, un día él vino a mi casa para hablar con mi papá, porque quería enseñarme a jugar. Eso me encantó porque ya quería dedicarme de lleno al básquet. Y un año después empecé a jugar en las formativas de Concepción BB”, rememora.
Confiesa que durante los primeros tiempos le costó adaptarse en el equipo de Banda del Río Salí. “Era la primera vez que salía de mi pueblo y había llegado a un lugar donde la vida era más dinámica. Me costó mucho superar ese desarraigo, porque era muy tímido. Por suerte pude insertarme al resto de los chicos”, dice.
Y tan bien se insertó, y tanto había progresado en el básquet, que a los 16 años debutó en Primera. Por entonces -2010- integraba el plantel de Talleres de Tafí Viejo. Antes de eso, y luego de su experiencia con el “León” bandeño, había jugado en las inferiores de Tucumán BB, y hasta había tenido una experiencia foránea. “Una temporada jugué en Córdoba, en el club Pesca, que solía reclutar talentos por el interior del país. Fue una linda experiencia, pero sufrí mucho por estar lejos de mi casa. Y por eso pegué la vuelta, y me incorporé a Talleres, donde estuve tres años seguidos”, cuenta.
Acaso la mayor edad le había dado mejores herramientas para enfrentar el desarraigo, porque volvió a emigrar. “Me fui a Unión de Santa Fe y, luego, a Sarmiento de Junín. Después volví nuevamente, para jugar dos temporadas más en Talleres”, recuerda.
Precisamente, en el “León” taficeño vivió una experiencia que lo marcó para toda la vida. En 2015 sufrió una grave fractura en el tobillo derecho, que lo obligó a estar inactivo durante casi un año. “Ahí aparecieron los hermanos Muruaga, que estaban en Asociación Mitre. Ellos colaboraron económicamente con mi recuperación. Por agradecimieneto jugué una temporada en ese club, que estaba disputando el viejo TNA (actual Liga Argentina, segunda temporada del básquet del país)”, afirma.
Efectos de cuarentena
Banegas reconoce que el parate de la actividad, debido a las medidas oficiales para menguar el contagio del covid-19 puede resultar complicado para los equipos. “Aunque nos seguimos entrenando por nuestra cuenta, nunca es igual que estar bajo el control diario del cuerpo técnico. Esta situación llegó cuando el equipo había encontrado cierto equilibrio colectivo; y esto abre un tremendo interrogante, porque no sabemos cuándo podremos volver a jugar”, señala. No obstante, inmediatamente después deja en claro cuál es su prioridad: “más allá de mis ansias por volver a jugar, hoy me preocupa la salud de mi familia”.
Su actividad durante el encierro comienza a las 9. “Primero me tomo una buena tanda de mates. Luego hago un par de ejercicios, y después trato de colaborar en las tareas de la casa. Al anochecer, junto con María y con Mercedes hacemos algún trabajo físico. Finalmente, disfruto mucho de ver ‘tele’; películas y algunos partidos viejos del Federal, en los que jugué yo”, cuenta.